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	<title>Puel Mapu We Dungvn :.  Portal del pueblo mapuche del Puel Mapu</title>
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	<description>Puel Mapu We Dungvn :.  Portal del pueblo mapuche del Puel Mapu</description>
	<pubDate>Tue, 06 Oct 2009 15:30:39 +0000</pubDate>
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		<title>Arte mapuche contemporáneo</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Aug 2009 21:46:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>victoria.vidal</dc:creator>
		
	<category>Arte</category>
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		<description><![CDATA[<img hspace="10" align="left" src="http://4.bp.blogspot.com/_zWURqfJ98FQ/SMML5fnxYwI/AAAAAAAAACs/xx5vk-0VtNE/S220/Lonko+Keipul.jpg" height='100' width='70' align='left' hspace='5'/>Quizás dentro del mundo mapuche no hablemos propiamente de arte como se entiende en el mundo occidental, pero desde el mundo occidental si se puede distinguir elementos que permiten hablar de obras de arte mapuche contemporáneo.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img hspace="10" align="left" src="http://4.bp.blogspot.com/_zWURqfJ98FQ/SMML5fnxYwI/AAAAAAAAACs/xx5vk-0VtNE/S220/Lonko+Keipul.jpg" />Quizás dentro del mundo mapuche no hablemos propiamente de arte como se entiende en el mundo occidental, pero desde el mundo occidental si se puede distinguir elementos que permiten hablar de obras de arte mapuche contemporáneo.</p>
<p>Julio Muñoz Uribe, un lector de Lofdigital, compartió con nosotros un artículo en su blog con arte mapuche con bellas imágenes: <a href="http://www.ragko.blogspot.com/">http://www.ragko.blogspot.com/ </a><br />
Gracias Jorge. Que disfruten de está nota.</p>
<p>Autorde texto: Julio Muñoz Uribe<br />
Estudios Arquitectura PUC<br />
Licenciado en Artes Universiad de Chile<br />
Artista Visual
</p>
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		<title>Kuifike ngütram mapuzungun meu/ Antiguos relatos en mapuzungun</title>
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		<pubDate>Wed, 13 May 2009 17:54:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>victoria.vidal</dc:creator>
		
	<category>Libros y artículos académicos</category>
	<category>Literatura</category>
	<category>Lengua</category>
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		<description><![CDATA[Los textos mapuches del Legado Lehmann-Nitsche
Por Marisa Malvestitti1
La historia de los pueblos originarios que habitan el actual territorio argentino es una temática aún poblada por numerosas zonas de sombra. Uno de los períodos centrales en el devenir étnico en el ámbito pampeano-patagónico, el correspondiente al último tercio del siglo XIX, es conocido principalmente a partir [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><font face="Arial, Helvetica, sans-serif" size="4">Los textos mapuches del Legado Lehmann-Nitsche</font></strong></p>
<p>Por Marisa Malvestitti1</p>
<p>La historia de los pueblos originarios que habitan el actual territorio argentino es una temática aún poblada por numerosas zonas de sombra. Uno de los períodos centrales en el devenir étnico en el ámbito pampeano-patagónico, el correspondiente al último tercio del siglo XIX, es conocido principalmente a partir de fuentes documentales producidas por los militares, viajeros y misioneros, sesgadas desde una perspectiva etnocéntrica y por los propósitos comunicativos y performativos de los blancos; en tanto que sólo puede accederse fragmentariamente a la configuración de los hechos desde el enfoque indígena, registrada en los relatos orales transmitidos al interior de las comunidades ranquel, mapuche y tehuelche, mediante la participación en las situaciones comunicativas en que los mismos se ponen en acto o en ciertas publicaciones especializadas de antropólogos, lingüistas o historiadores.</p>
<p><a href="http://www.scielo.org.ar/scielo.php?pid=S1851-28792007000100010&#038;script=sci_arttext&#038;tlng=es">Leer artículo completo </a>
</p>
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		<title>Julián Ripa, un maestro patagónico</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jan 2007 11:37:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>victoria.vidal</dc:creator>
		
	<category>Historia</category>
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		<description><![CDATA[<img src="http://www.lofdigital.org.ar/admapu/wp-content/newenche.miniatura.jpg" align=left hspace=2>Julián Ripa fue maestro de la Escuela 15 de Cushamen entre 1936 y 1943. De su libro “Recuerdos de un maestro patagónico” extraemos los siguientes fragmentos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Julián Ripa fue maestro de la Escuela 15 de Cushamen entre 1936 y 1943.  De su libro “Recuerdos de un maestro patagónico” extraemos los siguientes fragmentos</p>
<p><strong>Un diablo en el internado</strong></p>
<p>¡El internado de la Escuela 15 de Cushamen!</p>
<p>Pienso en él y vuelvo a vivir con aquellos niños que le dieron nacimiento: Valeriano, Juan, Alfredo, Bernardino, Honorio, Ramón, Julián, Horacio, Andrés, Rosita, Josefina, Casimiro, Victoriano, Leocadio, Eduardo.  Vuelvo a vivir con ellos.  Me invaden después de tantos años, los mismos sentimientos que entonces conmovían mi joven espíritu.</p>
<p>Los veo, con las últimas claridades del día, tender sus camas sobre el duro suelo.  Primero una pelera, con el sudor seco de cien, de mil galopes.  Luego un cuero de oveja gastado por el uso; después, tal vez otro cuero, tal vez otro más; de cabecera, los bastos del recado, los que lo tenían, que eran muy pocos; los más, un adobe, una piedra.  Para taparse, una vieja matra deshilachada, un poncho… Lo mismo sobre lo que dormían en sus hogares.  Lo mismo que los cobijaba en sus hogares.</p>
<p>Los veo dormir con su sueño de niños cuando, antes de acostarme, iba a mirarlos a la luz de la linterna.  Las mujeres en un aula.  Los varones en otra.  En otra, o afuera.  Porque era su gusto dormir bajo la luz de las estrellas.  El piso de madera del aula se les hacía duro.  Los incomodaba.  Los repelía.  No lo reconocían.  Para ellos, la cama, la única cama auténtica era la tierra.  La vieja, cálida tierra madre, hermana, amiga.  De ellos.  De sus antepasados, que sobre ella habían reposado desde la iniciación de los tiempos.</p>
<p>Recuerdo aquella noche en que los varones vinieron a despertarme, a la madrugada, porque en el aula dormitorio había un diablo.  Un diablo inquieto que se trepaba a los bancos, se colgaba de los palos del techo, subía, bajaba.  Se les arrimaba.  ¡Con qué precisión lo describían! Ágil, pequeño. Brillante, como un fuego.  ¡Cómo me costó convencerlos, linterna en mano, que no había tal diablo!  Que ese diablo sólo existía en las supersticiones y leyendas de los antiguos araucanos.</p>
<p>(….)</p>
<p>Hoy parecerá un milagro o cuento de hadas, pero no lo es.  Con una partida de ciento setenta y cinco o doscientos pesos mensuales, una escuela podía, en aquellos tiempos, servir un almuerzo diario a cincuenta niños, y además desayuno y cena a otros veinte.</p>
<p>Por supuesto se servían platos simples que les podía preparar en un fogón improvisado, dentro de una enorme olla: guisos, polenta, tallarines, lentejas, locro.</p>
<p>En los días buenos, los niños comían sobre mesas rústicas que habíamos preparado con tejuelas viejas, de un techo que se cambió; en los malos, de viento y frío, se comía en el aula, pues no existía ninguna instalación especial.<br />
Luego de comer, cada niño se lavaba su plato y su cubierto, en recipientes puestos junto al pozo de agua.  En los últimos tiempos, habíamos logrado sacar un canal del arroyo Cushamen, que pasaba frente a la escuela.  Ese canal, que hicimos con los alumnos, sin más herramientas que un pico, una azada y una pala (…) nos proporcionaba agua abundante y fue la base de un ensayo de huerta que realizamos.</p>
<p>El desayuno consistían en un jarro de mate cocido o cascarilla con leche condensada.  Con bastante frecuencia (…) los niños podían tomar un jarro de cocoa.  Tengo a este respecto una pequeña anécdota que más de una vez he relatado a mis amigos.</p>
<p>Sabía preguntarles por la mañana que deseaban que preparáramos para el desayuno.  El día del cuento mientras calentaba el agua, salí al patio y les pregunté:<br />
-    Chicos, ¿Qué quieren hoy, mate cocido o cascarilla?<br />
-    La respuesta unánime, rápida, terminante fue “¡Cocoga…!”<br />
Otras veces me oían ordenar al peoncito que colaboraba en mis tareas que preparara el mate cocido o la cascarilla.  No faltaba nunca alguno que, con disimulo, pero no tanto como para que no lo oyera, comenzara una cantinela hecha de una sola palabra: “Cocoga, cocoga, cocoga”.</p>
<p>Ripa, Julián I. 1980.  Recuerdos de un maestro patagónico.  Buenos Aires, Marymar.
</p>
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		<title>Rendición de Sayhueque</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jan 2007 11:32:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>victoria.vidal</dc:creator>
		
	<category>Historia</category>
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		<description><![CDATA[Carta del General Vintter al Jefe del Estado Mayor General de Ejercito con motivo de la rendición del Sayhueque el 20 de febrero de 1885.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Carta del General Vintter al Jefe del Estado Mayor General de Ejercito con motivo de la rendición del Sayhueque el 20 de febrero de 1885</strong></p>
<p><em> Al Señor Jefe de Estado Mayor General del Ejército, General de División D. Joaquín Viejobueno.</em></p>
<p><em>Me es altamente satisfactorio y cábeme el honor de manifestar al Superior Gobierno y el país por intermedio de V.S. que ha desaparecido para siempre en el Sur de la República toda limitación fronteriza contra el salvaje.</em></p>
<p><em><br />
El antiguo dominador de la Pampa, el conocido Namuncurá por la larga tradición, se presentó con los restos de sus aguerridos guerreros y familias acatando las leyes del país en marzo del año que acaba de finalizar, se halla hoy asentado en Champay, acantonamiento de esta línea militar, entregado por completo a las prácticas de la vida civilizada.</em></p>
<p><em><br />
El cacique Sayhueque, cacique eminentemente prestigioso por su poder entre todas las tribus que tenían su asiento entre el río Collon-Curá, afluente del Limay al norte, del río Deseado al Sud, acaba de efectuar su presentación voluntaria, y con él también los caciques de orden inferior, Inacayal, Huenchenecul, Chiquichan, Qual Salvutia, Preyel, Nahel, Pichi-Curruhuinca, Cumilao y otros, incluso el obstinado y rebelde Foyel cuya tribu fue últimamente derrotada en las orillas del Genue.</em></p>
<p><em><br />
Consiguientemente, puedo decir a V.S. que hoy no queda tribu alguna en los campos con no se halle reducida voluntariamente o forzosamente; y si algún número de indios quedase aún, estos se hallan aislados, errantes, sin formar agrupación que merezca tenerse en consideración y extraños por completo  a la obediencia de caudillo alguno, cuyo nombre y prestigio sean conocidos (…)</em></p>
<p><strong>(cit. en Parra, R. 1998. Un fortín a orillas del Cobun-Co.  Buenos Aires, Vinciguerra)</strong>
</p>
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		<title>Testimonios de la Expedición del Gral. Roca a la Patagonia en 1879</title>
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		<pubDate>Tue, 23 Jan 2007 11:29:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>victoria.vidal</dc:creator>
		
	<category>Historia</category>
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		<description><![CDATA[El periodista Remigio Lupo acompañó a la Expedición del general Roca de 1879 como corresponsal del diario “La Pampa”. Escribía una crónica diaria que enviaba para su publicación en Buenos Aires. Estas son algunas de esas notas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El periodista Remigio Lupo acompañó a la Expedición del general Roca de 1879 como corresponsal del diario “La Pampa”.  Escribía una crónica diaria que enviaba para su publicación en Buenos Aires.  Estas son algunas de esas notas:</p>
<p><strong>Mayo 21</strong><br />
…Allá a lo lejos, pero como perdida entre la bruma, vinos, a favor de un abra de las barrancas del río, algo que nos pareció una sierra.  Mirando detenidamente, nos convencimos de que, en efecto, lo era, pero de pequeñas dimensiones.  ¿Será Pichi Mahuida? – nos preguntábamos.  ¿No será? – nos decíamos con desaliento; y en estas dudas estábamos cuando el baqueano vino a anunciarnos que aquella sierra que divisábamos a lo lejos era “Pichi Mahuida”.<br />
¡Pichi Mahuida! ¡Es Pichi Mahuida! Exclamábamos todos con gran contento.  Ya solo se pensaba en llegar a la famosa sierra, y la impaciencia por proseguir la marcha era grande.  Hicímoslo, al fin, deseosos de salvar sin detenernos la distancia de dos y media a tres leguas que nos separaban de Pichi Mahuida.  Pero a la 1 se hizo alto cuando solo habíamos avanzado una legua.<br />
Hizo bien el General en detenerse en este punto, famoso en nuestra historia de la guerra con los indios.  Aquí fue donde se tomó prisionero a Catriel con su tribu, y aun se ven vestigios de sus tolderías, que el tiempo, destructor como es, no ha borrado por completo.<br />
En este mismo punto las barrancas del rio forman una gran abra, por donde vimos mas distintamente la Sierra de Pichi Mahuida.  Campamento del “Abra de Catriel” le llamamos por aquella circunstancia de la captura del feroz cacique.<br />
A Pichi Mahuida sigue Choique Mahuida, punto de interés más vital aún que el primero y situado a una distancia que no se podía fijar con presión, como tampoco cual era el camino que salía de este punto hacia Cheolechoel.<br />
La cuestión de saberlo era esencial, pues se tenían noticias que desde Choique Mahuida se desprenden dos caminos; uno que conduce a Choelechoel y otro que lleva al “Territorio de las Manzanas”…</p>
<p><strong>Junio 1</strong><br />
…Según entendíamos, el General Roca tenía por objeto al marchar al Neuquén, conocer por si mismo la región que se extiende desde Cheolechoel hasta ese río; conferenciar con el Comandante Uriburu y celebrar parlamentos, si se presentaban, con los caciques que se habían citado al efecto.  Se atribuía mucha importancia, para la estabilidad y seguridad de la nueva línea de fronteras, a esas entrevistas con los caciques no sometidos.  No quiere decir esto que si las entrevistas no tuvieran lugar, y los indios continuaran alzados, corriese peligro la nueva línea; nada de eso, porque las barreras naturales de la nueva línea son suficientes por sí solas, y guardadas por algunas fuerzas, para contener a los indios, los que, por otra parte, distan mucho de ostentar el poderío que antes tenían.  Las tribus están casi destruidas, su pobreza raya en la miseria más espantosa y, sobre todo esto, su animo no está como para realizar invasiones, aterrorizados al ver que las fuerzas de línea avanzan hasta donde ellos no pudieron imaginárselo jamás: hasta el último límite de su imperio, que creían absoluto e inaccesible a las fuerzas de la civilización.</p>
<p><strong>Junio 3</strong><br />
A las 8 de la mañana estábamos en movimiento, y no paramos hasta 2 horas después, en el sitio donde tuvo establecidas sus tolderías el cacique Queupe.<br />
Queupe ha huido al sentir la aproximación de las fuerzas expedicionarias en dirección a la cordillera.  Allí está establecido, según las noticias que se tienen, y muy resentido de que se haya despojado a los indios de una tierra que por derecho divino les pertenece desde sus más remotos antepasados.  No discurren mal estos indios.<br />
A su juicio, es un acto de usurpación el que se comete con ellos, desalojándolos de puntos sobre los cuales tiene el título del primer ocupante, y de la posesión convertida en propiedad irrevocable.</p>
<p>Así se expresan y no poco fortuna es que ignoren las disposiciones del Código Civil sobre posesión y prescripción, porque harían interminables sus alegatos.<br />
Desgraciadamente para ellos, la civilización, por el solo hecho de serlo, y de combatir la barbarie en su significado más amplio, tiene el derecho y tiene la fuerza para consumar la conquista, colocándolos en la alternativa de someterse a ella, o de huir hacia la cordillera, sin la esperanza siquiera de poder venir de allí a tentar una reivindicación imposible.<br />
A las 2 y 30 de la tarde acampamos en el sitio denominado “Chelforó”.  La jornada fue de 3 leguas.  A medida que nos alejábamos de Choelechoel, el frio se hacia más pronunciado.  Este día el termómetro marcó 6 grados bajo cero…</p>
<p><strong><em>Lupo, Remigio. 1968.  La conquista del desierto; crónicas enviadas al diario “La Pampa” desde el Cuartel General de la Expedición de 1879.  Buenos Aires, Freeland.</em></strong>
</p>
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